LESSON 1 por ricardo ulloa
El vuelo en conjunto le da seguridad a una parvada que surca los cielos, cada uno de sus integrantes es muy importante y le da un toque muy especial a la familia que la hace ver como una unidad, como una mancha que conoce cada una de las nubes sobre las que pasa.
Las aves viajan de nuevo al norte cuando llega la primavera, después de haber pasado el invierno en tierras más cálidas vuelven al hogar. Ellas al volar cambian de ritmo, de altura, de ángulo, sienten el poder de gobernar y vencer al viento.
Con cara pensativa hay una mirada concentrada que no le quita atención a su libro e intenta memorizar los pasos para un susto perfecto… esa es la lección 1.
La visión que les da estar en los aires, les permite desplazarse a través de los sembradíos, ver las cosechas, pasar por un río sin perder el zigzagueo pero sin dejar de disfrutar el panorama de una mañana que se siente diferente.
El susto perfecto es una cosa difícil, tal vez cosa de expertos… Él no se da por vencido, no ha pasado a la siguiente página, sigue practicando los gestos, los movimientos, los ruidos, jadea demostrando cansancio… es un novato.
Por concentrarse más en la libertad de poder volar, no se da cuenta de lo que sigue en el camino y choca con un palo de madera.
Desconcertado, el pequeño se da cuenta que es imposible regresar e integrarse a la parvada, el esfuerzo es en vano, cuando los alcanza a ver ya están a una distancia considerable, están lejos, los perdió…
Desolado se desploma, la mirada aún fija en la gran flecha que se pierde en las nubes.
En el momento que deja de verla, triste baja la cabeza y cierra los ojos.
Es el momento perfecto, la comparación de formas ha coincidido, es lo que ha venido estudiando. Con un poco de indecisión, él es el que se dá ánimos, suspira y gana seguridad.
El escándalo que hace el espantapájaros lleno de energía en combinación con sus gestos harían desfallecer a cualquiera que las vea… más el pájaro no se inmuta.
Probablemente el estudiante esté haciendo algo mal, vuelve a consultar al libro.
Con movimientos rápidos y repentinos aparece de nuevo frente al cuervo realizando su rutina; pero un profundo suspiro corta el intento del espantapájaros, él también suspira pero de cansancio, el esfuerzo y la frustración son considerables.
Es ahora cuando comprende el porqué de la tristeza del ave, vuelve a buscarla con su mirada pero ésta no está, se va caminando para perderse en las milpas.
Él hace sonidos y así persuadir al chiquitín para que regrese, hay un intercambio de miradas, ambos saben que se pueden hacer compañía, un poco dudoso el cuervecillo acepta y el espantapájaros lo invita a posarse en uno de sus brazos (palos).
La vista de aquel atardecer es fantástica, el espantapájaros sonríe y ambos se quedan mudos al ver que más allá de las montañas va llegando el reinado de la noche.
El frío para el pájaro es inaguantable y sin preguntar se escabulle entre la manga del espantapájaros causándole un cosquilleo hasta que por fin se apacigua en el lado izquierdo del pecho de paja.
A ambos les vence el sueño, duermen y las estrellas los cuidan y los vigilan.
Cuando el espantapájaros abre los ojos, el sol lo deslumbra y poco a poco se empieza adaptar a la luminosidad, bosteza y se estira un poco para acomodarse la paja.
Se acuerda de su compañero y aún perezoso se asoma por su manga sigilosamente para no despertarlo, el huésped sigue dormido y acurrucado. El espantapájaros saca su libro y se dispone a practicar en silencio consciente de que su condición es espantar.
Cuando más concentrado está en su repaso, se sobresalta al ver caer entre las páginas a un pequeño ser que hace movimientos repentinos. El empieza a soplar para revivir a su amigo con la cara de preocupación mientras se escucha una carcajada, risas y aleteos le hacen caer en la cuenta de que él resultó espantado víctima de una broma. ¡Qué ironía, un espantapájaros espantado por su “presa”!
El tiempo pasa y se nota que hay una convivencia. Las estaciones del año son testigos de los lazos de amistad que se van entretejiendo entre los dos, noches y días enteros, abrazos, jugueteos, pláticas, ese lenguaje sin palabras que se inventa entre seres con algo en común.
El espantapájaros está listo para pasar a otra lección… la que da la vida.
El estar solo es algo que le aterra, pero sabe que es el momento de la despedida. Su amigo está listo para irse. Entre abrazos y lágrimas se despiden… Algo se acerca, se mueve con rapidez entre las plantas. El pájaro sale volando diciendo adiós con una ala.
Ahora es invisible pero ha dejado una huella, un espacio vacío en el espantapájaros, éste hace pucheros por controlar las ganas de llorar. Algo se aproxima de entre los maizales sin que se dé cuenta. Se quiere sobreponer y con sus ojos vidriosos trata de pasar a la lección 2, pero algo con fuerza le pega en el tronco.
Voltea a ver el libro y lo avienta lejos. Baja la mirada y se sorprende al ver lo que le golpeó el cuerpo.
